Durante miles de años, el descenso a los infiernos ha sido motivo de fascinación de los hombres. Y como todos saben, una de las consecuencias de la fascinación es el mito.
Él no estaba seguro de querer convertirse en el personaje de un mito, pero igual ajustó los lazos de la alforja que usaría en su viaje.
Muchos se han preguntado acerca de la dificultad de atravesar el infierno y salir de él sin consecuencias negativas. Los mitos nos muestran a dioses y héroes en pasajes sombríos y tristes por la tierra de los muertos. El infierno puede ser un desierto oscuro, un valle atravesado por un río, el reino de los antepasados, un lago de almas.
Él atravesaría un lago, un valle, un desierto, uno de ellos o todos a la vez; llenos de almas como la suya pero ya sin vida; para saber si podía llevar una sonrisa y traer un mensaje que la repitiera entre los vivos.
Es conocida la historia de Orfeo, cuya curiosidad impidió que pudiera sacar a Eurídice del reino de Hades.
Cual la lira de Orfeo, sería su voz el instrumento para cantar a los dioses del infierno.
Démeter, aún en su carácter de diosa, sólo consiguió hacer un pacto según el cual se permite a su hija Perséfone pasar con ella una temporada al año, que trae para nosotros la llegada de las estaciones fértiles.
No contaba con el tiempo de una temporada fértil, y no era un dios, pero no iba a someterse al reino del miedo por no entrar al de la muerte.
Ishtar, la diosa babilónica de la fertilidad, estrella de la mañana, atravesó las siete puertas del infierno para pedir a su hermana Ereskigal que devolviera la vida a su esposo Tammuz; y en cada puerta pagó con parte de su vida.
Él pagaría con sonrisas en cada puerta, y con lágrimas si su alegría no era suficiente para abrir las cerraduras de la eternidad.
Ulises descendió a consultar el porvenir de su viaje. A imitación de éste, el Eneas de Virgilio conoció en los infiernos el futuro de la grande Roma y sus césares.
Antes de partir, tuvo la sensación de que cualquier futuro augurado en el infierno sería más prometedor que el presente, cualquier palabra arrebatada a los muertos sería un mensaje liberador para los vivos.
Nueve días y nueve noches cabalgó Hermod hacia el Helheim para solicitar que se les devolviera a Baldr con vida. Le dijeron que era posible si todos los seres del mundo lloraban por él. La gigante Thok se negó, y Baldr no pudo regresar al Asgard.
El regreso del peregrino mortal no podía depender tampoco de lágrimas ajenas, si nadie reía por él, menos esperaba ser el objeto de la tibia compasión de nadie.
Si dioses y héroes no lograron sus deseos en el hades, kurnugia o el helheim, más de uno habrá de preguntarse si puede un mortal lograrlo.
Éste dejó el testimonio de su viaje, a su regreso. Nadie supo de su partida simplemente porque nunca necesitó desplazarse, y sin embargo fue.
Días y noches por un camino de luz que terminaría en un rincón oscuro. Puertas que cobraban sonrisas para ser abiertas, cada día más triste el caminante. Eternas temporadas infértiles en un valle muerto para siempre. Al final, un lago de almas.
Iba preparado, ese viaje sería un ritual para volver renovado, verdadero. Una pluma por cada año de su vida, la mirada coloreada para que las almas de sus antepasados pudieran reconocerlo. Su alforja llena de la vida que tanto le pesaba.
Algunos ignorantes dirán que descender al infierno equivale a quitarse la vida, pero sólo porque desconocen que los muertos deben estar seguros antes de dejar ingresar a alguien en su reino.
Otros pueden afirmar que tal viaje nunca existió, pero son sólo aquellos que no comprenden el mensaje que el caminante trajo a su retorno.
También existen los falsos creyentes, que repiten las palabras del viajero y se consideran salvados del camino personal al mismo infierno.
Finalmente, aquellos que reinventan la poesía, esos que reconocen el significado de sus palabras sin decirlas, lo han visto ir y volver.
Él repite:
Essil on Essil on eriftel al
Y en lago de las almas, más de una sonríe.
Él no estaba seguro de querer convertirse en el personaje de un mito, pero igual ajustó los lazos de la alforja que usaría en su viaje.
Muchos se han preguntado acerca de la dificultad de atravesar el infierno y salir de él sin consecuencias negativas. Los mitos nos muestran a dioses y héroes en pasajes sombríos y tristes por la tierra de los muertos. El infierno puede ser un desierto oscuro, un valle atravesado por un río, el reino de los antepasados, un lago de almas.
Él atravesaría un lago, un valle, un desierto, uno de ellos o todos a la vez; llenos de almas como la suya pero ya sin vida; para saber si podía llevar una sonrisa y traer un mensaje que la repitiera entre los vivos.
Es conocida la historia de Orfeo, cuya curiosidad impidió que pudiera sacar a Eurídice del reino de Hades.
Cual la lira de Orfeo, sería su voz el instrumento para cantar a los dioses del infierno.
Démeter, aún en su carácter de diosa, sólo consiguió hacer un pacto según el cual se permite a su hija Perséfone pasar con ella una temporada al año, que trae para nosotros la llegada de las estaciones fértiles.
No contaba con el tiempo de una temporada fértil, y no era un dios, pero no iba a someterse al reino del miedo por no entrar al de la muerte.
Ishtar, la diosa babilónica de la fertilidad, estrella de la mañana, atravesó las siete puertas del infierno para pedir a su hermana Ereskigal que devolviera la vida a su esposo Tammuz; y en cada puerta pagó con parte de su vida.
Él pagaría con sonrisas en cada puerta, y con lágrimas si su alegría no era suficiente para abrir las cerraduras de la eternidad.
Ulises descendió a consultar el porvenir de su viaje. A imitación de éste, el Eneas de Virgilio conoció en los infiernos el futuro de la grande Roma y sus césares.
Antes de partir, tuvo la sensación de que cualquier futuro augurado en el infierno sería más prometedor que el presente, cualquier palabra arrebatada a los muertos sería un mensaje liberador para los vivos.
Nueve días y nueve noches cabalgó Hermod hacia el Helheim para solicitar que se les devolviera a Baldr con vida. Le dijeron que era posible si todos los seres del mundo lloraban por él. La gigante Thok se negó, y Baldr no pudo regresar al Asgard.
El regreso del peregrino mortal no podía depender tampoco de lágrimas ajenas, si nadie reía por él, menos esperaba ser el objeto de la tibia compasión de nadie.
Si dioses y héroes no lograron sus deseos en el hades, kurnugia o el helheim, más de uno habrá de preguntarse si puede un mortal lograrlo.
Éste dejó el testimonio de su viaje, a su regreso. Nadie supo de su partida simplemente porque nunca necesitó desplazarse, y sin embargo fue.
Días y noches por un camino de luz que terminaría en un rincón oscuro. Puertas que cobraban sonrisas para ser abiertas, cada día más triste el caminante. Eternas temporadas infértiles en un valle muerto para siempre. Al final, un lago de almas.
Iba preparado, ese viaje sería un ritual para volver renovado, verdadero. Una pluma por cada año de su vida, la mirada coloreada para que las almas de sus antepasados pudieran reconocerlo. Su alforja llena de la vida que tanto le pesaba.
Algunos ignorantes dirán que descender al infierno equivale a quitarse la vida, pero sólo porque desconocen que los muertos deben estar seguros antes de dejar ingresar a alguien en su reino.
Otros pueden afirmar que tal viaje nunca existió, pero son sólo aquellos que no comprenden el mensaje que el caminante trajo a su retorno.
También existen los falsos creyentes, que repiten las palabras del viajero y se consideran salvados del camino personal al mismo infierno.
Finalmente, aquellos que reinventan la poesía, esos que reconocen el significado de sus palabras sin decirlas, lo han visto ir y volver.
Él repite:
Essil on Essil on eriftel al
Y en lago de las almas, más de una sonríe.
*Njosnavelin, Sigur Rós
Inspirado en: http://jarillero.blogspot.com/


0 comentarios:
Publicar un comentario