Nada más oírla una vez y supo que la conocía. Tal vez la melodía, los tiempos, los instrumentos, no sabía exactamente qué, pero la conocía.
La canción sonó cerca del mediodía, cuando un rayo de sol conocido dormía sobre la madera del viejo piano, cada día más decorativo.
El muchacho debatía el horario de su almuerzo entre una pila de apuntes y la calculadora…las fechas de examen solían generar esos debates.
En medio de una ecuación complicada sonó la canción. Un, dos, tres, silencio, tres notas juntas y el gorjeo de un ave; un, dos, tres, las notas de una percusión extraña, un crujido.
_ Yo la conozco_...o se parece a una que conozco_..._¿A qué se parece?
Tres días seguidos la oyó a la misma hora, siempre familiar y desconocida a la vez.
Como no sabía el nombre, tarareó la melodía a sus amigos, ninguno la conocía, sólo él.
_Vengan a casa, la escucho todos los días al mediodía, creo que viene del edificio de enfrente, o del departamento de al lado…vengan a escucharla, sé que van a conocer cómo se llama_.
Un público de cuatro se reunió en el comedor para oír la nada…la canción no apareció.
Se cruzaron seis ojos, y el cuarto par los miró a todos _ no me miren así, no sé qué pasa; si se escucha a esta hora todos los días…_
Los amigos se fueron y al cerrarse la puerta comenzó a sonar la canción, pero ahora en su cabeza…tan cerca…tan familiar…tan desconocida.
Toda la noche la misma melodía en su cabeza. A la mañana siguiente el muchacho se sentó al piano con unas hojas en blanco y un lápiz. Durante horas recordó las lecciones de la infancia e intentó reproducir la canción que le sonaba dentro. Lo logró.
Llamó a sus amigos y la tocó para ellos. Ninguno la conocía, al menos ya no lo creían loco.
_Podrías limpiar un poco este piano…para tocar más seguido, ésta que escribiste es muy bonita_.
_Sí, puede ser, igual no pude acordarme… de dónde la conocía…_
Cuando se fueron los amigos, el muchacho decidió seguir el consejo. Tomó un paño…destapó el piano…una mezcla de temor, nauseas…¿Ternura o pena?.
Un pequeño pájaro, su cadáver sobre las cuerdas del interior.
Tenía la expresión de fatiga de quien lucha tres días contra las paredes de un piano y la burla del destino, que elige acabar una vida y hacer de la agonía una bella canción.
La canción sonó cerca del mediodía, cuando un rayo de sol conocido dormía sobre la madera del viejo piano, cada día más decorativo.
El muchacho debatía el horario de su almuerzo entre una pila de apuntes y la calculadora…las fechas de examen solían generar esos debates.
En medio de una ecuación complicada sonó la canción. Un, dos, tres, silencio, tres notas juntas y el gorjeo de un ave; un, dos, tres, las notas de una percusión extraña, un crujido.
_ Yo la conozco_...o se parece a una que conozco_..._¿A qué se parece?
Tres días seguidos la oyó a la misma hora, siempre familiar y desconocida a la vez.
Como no sabía el nombre, tarareó la melodía a sus amigos, ninguno la conocía, sólo él.
_Vengan a casa, la escucho todos los días al mediodía, creo que viene del edificio de enfrente, o del departamento de al lado…vengan a escucharla, sé que van a conocer cómo se llama_.
Un público de cuatro se reunió en el comedor para oír la nada…la canción no apareció.
Se cruzaron seis ojos, y el cuarto par los miró a todos _ no me miren así, no sé qué pasa; si se escucha a esta hora todos los días…_
Los amigos se fueron y al cerrarse la puerta comenzó a sonar la canción, pero ahora en su cabeza…tan cerca…tan familiar…tan desconocida.
Toda la noche la misma melodía en su cabeza. A la mañana siguiente el muchacho se sentó al piano con unas hojas en blanco y un lápiz. Durante horas recordó las lecciones de la infancia e intentó reproducir la canción que le sonaba dentro. Lo logró.
Llamó a sus amigos y la tocó para ellos. Ninguno la conocía, al menos ya no lo creían loco.
_Podrías limpiar un poco este piano…para tocar más seguido, ésta que escribiste es muy bonita_.
_Sí, puede ser, igual no pude acordarme… de dónde la conocía…_
Cuando se fueron los amigos, el muchacho decidió seguir el consejo. Tomó un paño…destapó el piano…una mezcla de temor, nauseas…¿Ternura o pena?.
Un pequeño pájaro, su cadáver sobre las cuerdas del interior.
Tenía la expresión de fatiga de quien lucha tres días contra las paredes de un piano y la burla del destino, que elige acabar una vida y hacer de la agonía una bella canción.

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