
“…Como en mágico espejismo,
al compás de ese concierto,
mil ciudades el desierto
levantaba de sí mismo…” ·
¿Quién podía desear que el payador de las pampas ya no fuera? Sin embargo todos lo decían… la estirpe gaucha moría porque estaba muerto el poeta.
Fue una lucha con triunfo imposible, porque era el Progreso el contrincante. El Diablo trajo en su canción el alambre que cortó las alas del resero, y el cantor se quedó mudo. Al rastreador le opusieron las ciencias y al cantor le cortaron las cuerdas de la guitarra. El gaucho malo estaba encerrado cuando el cantor desapareció.
Muchos cantaron después el nacimiento del mito, pocos conocieron realmente el final de Santos Vega. A mi me lo contaron, y aunque mucho temo que la historia pueda haberme llegado después de años de reelaboraciones, algo en el aire que respiro me dice que es verdad.
Ya era leyenda su arte cuando al Juan Sin Ropa lo mordió la envidia. Comenzó a seguirlo mientras urdía una trampa y no me sorprende saber que el mismo Diablo tuvo a Santos por maestro para vencerlo mejor.
Las ciudades crecieron detrás de los gauchos, que se acorralaban en el regazo decreciente de la pampa libre. Alambrados, estancias, ferrocarriles y telégrafos para un país cada día más rico…pobre el gaucho.
La noche que Juan se reveló al maestro, le propuso un pacto del que conocemos el desenlace mejor.
El Diablo dio dos opciones. Una era a cambio de su alma, ser el único gaucho en la llanura argentina; ser eterno y leyenda. La otra, para conservar el espíritu; declararse vencido por el alumno y ser olvidado junto con los otros.
Quién sabe lo que vio el cantor mientras sonreía al discípulo envidioso. Quién habrá visto la cara que puso el Diablo cuando Santos eligió la segunda opción.
Las gentes se reunieron para oír el duelo, y como Juan les mostrara el futuro próspero, el cantor se aseguró de conjurar otro futuro. Lo que cantó en silencio lo repitió toda la tierra:
“… ¡Patria! a sus almas decía
¿Quién podía desear que el payador de las pampas ya no fuera? Sin embargo todos lo decían… la estirpe gaucha moría porque estaba muerto el poeta.
Fue una lucha con triunfo imposible, porque era el Progreso el contrincante. El Diablo trajo en su canción el alambre que cortó las alas del resero, y el cantor se quedó mudo. Al rastreador le opusieron las ciencias y al cantor le cortaron las cuerdas de la guitarra. El gaucho malo estaba encerrado cuando el cantor desapareció.
Muchos cantaron después el nacimiento del mito, pocos conocieron realmente el final de Santos Vega. A mi me lo contaron, y aunque mucho temo que la historia pueda haberme llegado después de años de reelaboraciones, algo en el aire que respiro me dice que es verdad.
Ya era leyenda su arte cuando al Juan Sin Ropa lo mordió la envidia. Comenzó a seguirlo mientras urdía una trampa y no me sorprende saber que el mismo Diablo tuvo a Santos por maestro para vencerlo mejor.
Las ciudades crecieron detrás de los gauchos, que se acorralaban en el regazo decreciente de la pampa libre. Alambrados, estancias, ferrocarriles y telégrafos para un país cada día más rico…pobre el gaucho.
La noche que Juan se reveló al maestro, le propuso un pacto del que conocemos el desenlace mejor.
El Diablo dio dos opciones. Una era a cambio de su alma, ser el único gaucho en la llanura argentina; ser eterno y leyenda. La otra, para conservar el espíritu; declararse vencido por el alumno y ser olvidado junto con los otros.
Quién sabe lo que vio el cantor mientras sonreía al discípulo envidioso. Quién habrá visto la cara que puso el Diablo cuando Santos eligió la segunda opción.
Las gentes se reunieron para oír el duelo, y como Juan les mostrara el futuro próspero, el cantor se aseguró de conjurar otro futuro. Lo que cantó en silencio lo repitió toda la tierra:
“… ¡Patria! a sus almas decía
el cielo, de astros cubierto,
¡Patria! el sonoro concierto
de las lagunas de plata,
¡Patria! la trémula mata
del pajonal del desierto….” ·
Sí, Juan Sin Ropa ganó el duelo de cantores. Sí, el Diablo trajo el futuro, parió el Progreso y lo dio a los hombres sin reclamo.
Sí, el alumno venció al maestro y lo mató, pero se fue refunfuñando porque ninguno de los argentinos se olvidó del gaucho.
De enojado que estaba cuentan que lo encerró en un viento y le rompió la guitarra. Mas el payador de las pampas había grabado su canto en el aire que todos respiramos, y dicen que al leer los últimos versos de Obligado se oyen, rabioso el grito del Diablo y terrosa pero constante la carcajada del gaucho cantor:
"…-Y si cantando murió
Sí, Juan Sin Ropa ganó el duelo de cantores. Sí, el Diablo trajo el futuro, parió el Progreso y lo dio a los hombres sin reclamo.
Sí, el alumno venció al maestro y lo mató, pero se fue refunfuñando porque ninguno de los argentinos se olvidó del gaucho.
De enojado que estaba cuentan que lo encerró en un viento y le rompió la guitarra. Mas el payador de las pampas había grabado su canto en el aire que todos respiramos, y dicen que al leer los últimos versos de Obligado se oyen, rabioso el grito del Diablo y terrosa pero constante la carcajada del gaucho cantor:
"…-Y si cantando murió
aquél que vivió cantando,
fue, decía suspirando,
porque el diablo lo venció…". ·
Ilustración: jarillero.blogspot.com

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