Por la mañana, Adán, recién anoticiado de su creación, quiso ver al Padre.Avanzaba Adán entre las bestias, creado de la tierra para reinar entre ellas. Los animales lo veían con admiración. Sintió que Él lo llamaba, por eso se dirigió al lugar desde donde podría tocar la mano del Padre.
Cada nivel lo alejaba de la tierra y lo acercaba al cielo prometido. Atrás quedó el suelo y un hipopótamo que lo miraba.
Con el primer nivel abandonó a las jirafas, agitadas ante su rostro divino…¿era ese el mismo hipopótamo del suelo?. En el segundo nivel había aves, que sólo miró de reojo, porque graznaban peligrosamente al verlo. Tal vez le gritaban al hipopótamo, que seguía subiendo.
Debía llegar al séptimo nivel, porque el Padre le había prometido una compañera si lo hacía.
En el tercero y cuarto se arremolinaron insectos para verlo, los espantó con las manos y siguió subiendo. Comenzó a creer que el hipopótamo lo seguía.
Al sexto nivel llegó Adán para ver cómo danzaban ángeles, al parecer algo envidiosos porque el hombre subía a ver al Padre. Ahí estaba el mismo mamífero acuático, siempre siguiéndolo.
Estaba cerca del séptimo nivel, allí estaría el Padre. Estiró su mano para tocar antes…ahí está, el milagro de la creación frente al creador de toda ella. El hombre y el dios juntos…El hipopótamo apareció junto al Padre…Ramírez!!!!!
Esa mañana Adán no tomó las pastillas, y salió a la calle como salió de la ducha. Su jefe lo vio llegar y lo siguió. Adán subió tranquilo…el jefe atrás. Planta baja y todos los pisos se acercaron a las ventanas para verlo, el jefe atrás para detenerlo. En el séptimo piso Adán había intentado entrar en la oficina del director de la compañía.
Por la tarde, Adán Ramírez regresó a casa con un sumario por subir desnudo al andamio para limpiar las ventanas.
Ilustración: jarillero.blogspot.com

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