
Vivían en un lugar oscuro, algo húmedo por las noches, con alguna penumbra en las mañanas, y que siempre repetía sus voces.
Ninguno podía asegurar desde cuándo, pero las historias que conocían por sus abuelos y éstos por los suyos a su vez, eran, sólo por su procedencia, una marca del tiempo que llevaban allí.
Uno de esos relatos intentaba reproducir el primer momento. Según decían, una mano gigante habría puesto en las cavernas a dos parejas. No podían afirmarse las razones, pero las cavernas era todo lo que conocían, y estaba bien para ellos. Una variante incluía a dos niños, que en determinado momento escaparon del hogar y poblaron el exterior. Al exterior los de adentro no salían, no estaban seguros de que existiera.
Alguna ocasión fue contada la historia del hombre que vio un rayo de sol, porque antes habían inventado al sol, una esfera de fuego que, de existir, quemaba el exterior y a sus habitantes; como castigo a su escape de las cavernas.
Las mañanas y noches se reconocían por el letargo o actividad que manifestaban los cuerpos, pero las mañanas tenían además una penumbra. Ese era el origen del hombre que vio el sol. Una mañana, sigiloso, el curioso se acercó a la fuente de la penumbra, la siguió por pasillos y descansos que nunca había visto. Al llegar a un espacio sin salida presintió calor en su cabeza, levantó la vista…Y nada más se supo de él. De todas formas la penumbra proviene de las sonrisas cuando el cuerpo ha descansado y no hay por qué temerle.
Eran una sociedad tranquila, abrumada sólo por la posibilidad de tener que salir de sus cavernas, castigados por faltas que nadie había cometido desde que Aquél fue expulsado. La de Aquél, era otra de las narraciones que poblaban el imaginario colectivo, y que cada noche servían para enseñar la moral a niños y jóvenes. Aquél era siempre un punto de discordia, aún había quienes pensaban si no serían ciertas sus teorías sobre el afuera.
Según él, no había castigados afuera sino adentro; y era deber de todos limpiar la conciencia de esa sociedad para poder salir. Por supuesto nadie lo escuchó. Lo condujeron hasta donde se creía que había llegado el hombre que vio el sol, y lo abandonaron allí. Los pocos seguidores lo acompañaron en la noche, pero temieron la penumbra de la mañana y nunca más volvieron a buscarlo. Desde entonces, dudar sobre el adentro podía ser a lo sumo una inquietud personal.
Entre la gran cantidad de historias de este pueblo, existe una poco referida, nunca contada a los niños; la que quizás reveló en Aquél las primeras vacilaciones acerca del adentro.
Esta historia cuenta que en alguna ocasión, alguien de afuera habría inventado al pueblo de las cavernas como una simple experimentación creativa. Los de adentro serían no una realidad, sino los personajes inexistentes de un relato como los suyos. Ellos serían como el hombre que vio el sol, como los niños que escaparon, como la mano gigante y como Aquél.
Pero es también un relato improbable, ¿quién podría pensar que un pueblo con tanta tradición narrada no exista? Y de existir el afuera, ¿quién podría pensar algo creativo con una bola de fuego sobre la cabeza?.
Ilustración: jarillero.blogspot.com
Ninguno podía asegurar desde cuándo, pero las historias que conocían por sus abuelos y éstos por los suyos a su vez, eran, sólo por su procedencia, una marca del tiempo que llevaban allí.
Uno de esos relatos intentaba reproducir el primer momento. Según decían, una mano gigante habría puesto en las cavernas a dos parejas. No podían afirmarse las razones, pero las cavernas era todo lo que conocían, y estaba bien para ellos. Una variante incluía a dos niños, que en determinado momento escaparon del hogar y poblaron el exterior. Al exterior los de adentro no salían, no estaban seguros de que existiera.
Alguna ocasión fue contada la historia del hombre que vio un rayo de sol, porque antes habían inventado al sol, una esfera de fuego que, de existir, quemaba el exterior y a sus habitantes; como castigo a su escape de las cavernas.
Las mañanas y noches se reconocían por el letargo o actividad que manifestaban los cuerpos, pero las mañanas tenían además una penumbra. Ese era el origen del hombre que vio el sol. Una mañana, sigiloso, el curioso se acercó a la fuente de la penumbra, la siguió por pasillos y descansos que nunca había visto. Al llegar a un espacio sin salida presintió calor en su cabeza, levantó la vista…Y nada más se supo de él. De todas formas la penumbra proviene de las sonrisas cuando el cuerpo ha descansado y no hay por qué temerle.
Eran una sociedad tranquila, abrumada sólo por la posibilidad de tener que salir de sus cavernas, castigados por faltas que nadie había cometido desde que Aquél fue expulsado. La de Aquél, era otra de las narraciones que poblaban el imaginario colectivo, y que cada noche servían para enseñar la moral a niños y jóvenes. Aquél era siempre un punto de discordia, aún había quienes pensaban si no serían ciertas sus teorías sobre el afuera.
Según él, no había castigados afuera sino adentro; y era deber de todos limpiar la conciencia de esa sociedad para poder salir. Por supuesto nadie lo escuchó. Lo condujeron hasta donde se creía que había llegado el hombre que vio el sol, y lo abandonaron allí. Los pocos seguidores lo acompañaron en la noche, pero temieron la penumbra de la mañana y nunca más volvieron a buscarlo. Desde entonces, dudar sobre el adentro podía ser a lo sumo una inquietud personal.
Entre la gran cantidad de historias de este pueblo, existe una poco referida, nunca contada a los niños; la que quizás reveló en Aquél las primeras vacilaciones acerca del adentro.
Esta historia cuenta que en alguna ocasión, alguien de afuera habría inventado al pueblo de las cavernas como una simple experimentación creativa. Los de adentro serían no una realidad, sino los personajes inexistentes de un relato como los suyos. Ellos serían como el hombre que vio el sol, como los niños que escaparon, como la mano gigante y como Aquél.
Pero es también un relato improbable, ¿quién podría pensar que un pueblo con tanta tradición narrada no exista? Y de existir el afuera, ¿quién podría pensar algo creativo con una bola de fuego sobre la cabeza?.
Ilustración: jarillero.blogspot.com

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