Designaron a todo un cuerpo para buscarlo en la selva. Doce hombres detrás de sólo uno.Mientras, en la selva, un hombre era suficiente para llevar el legado a las montañas.
Salieron doce a buscar al uno del pergamino rebelde. Árboles, tierra y aire fueron el refugio del mensajero en la selva, todos lo escondieron del grupo que lamía su sombra.
La madre verde lo cuidó hasta que sus brazos no pudieron estirarse más; por desgracia la savia y la madera no permiten moverse a los árboles.
Lo encontraron. A orillas del acantilado donde moran las águilas, lo encontraron.
Nadie vio al gorrión; nadie en plena guerra mira a un gorrión cerca de un nido de águilas, y nadie lo oye.
Llevaron al mensajero al cuartel, lo desnudaron de sus ropas y de la piel de los pies, la tortura primera. Sólo una tela sobre los muslos por no ser inhumanos, le sacaron las uñas para que gritara dónde estaba el legado. No salieron gritos de su voz, no salió su voz.
Afuera, el gorrión avanzó debajo de la lluvia y contra el viento. Adentro, el mensajero calló el dolor de perder sus ojos, y calló el viaje del gorrión hacia las montañas.
Ciego, en los huesos y colgado de las manos, el mensajero no respondió a las preguntas _ "¿Qué es el legado?" "¿Quiénes son los jefes de la rebelión?".
El gorrión se acercaba a las montañas a la misma velocidad con que el mensajero se despedía de la vida.
A metros del refugio en las montañas, el gorrión miró hacia abajo y creyó ver al hombre que lo llamó aquel día en la guarida del águila, le sonrió al recuerdo y llevó el papel a los ancianos del pueblo.
A momentos del final, el mensajero miró hacia arriba y creyó ver en las antorchas al gorrión que encontró ese día en que buscaba un águila mensajera. ¿Habría sido buena idea confiar lo grande al ave pequeña?. Le sonrió al fuego de la antorcha y dejó de pensar para siempre.
En el pueblo, los ancianos recibieron al gorrión, le dieron refugio y alimento. En la reunión al anochecer abrieron el legado para la ceremonia:
"maíz y piedra mezclo
para hacer el pan,
golpeo más y siento
que harina nace acá".
"acaricio el cuero
con mi piedra chata
y hago las sandalias
por la madrugada".
Por la vida del mensajero y por el viaje del gorrión, muchos hombres mataron y murieron en los cuarteles. Pero los niños del pueblo nunca olvidaron cómo amasar y curtir.
Ilustración: http://jarillero.blogspot.com

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