
“…Y ya no quedan ruinas de la ciudad dorada que den a los hombres el testimonio de antiguas batallas. Los guerreros dejaron que el agua y el aire horadaran los escudos y oxidaran las espadas. Sólo él recuerda la gloria, sólo sus manos extrañan el calor de la lanza y el olor de la sangre enemiga.
Cuando comenzó la guerra nadie aseguraba querer dar la vida por él. El tamaño de su edad era pequeño, y la traición de su padre vivía aún en la memoria de los soldados. El casco le cubría los ojos y la cota se enredaba en sus tobillos. Nada en contra logró aplacar su amor por la tierra natal; así llegó al frente y mató, al lado de cuanto hombre necesitó la lucidez de su mente y la fuerza de su brazo.
Nadie dudó luego en ponerse frente a él y defender su nombre y su vida. Capitán de hombres que olvidaron la vieja traición, se erigió en la razón principal de la vida de todo el territorio.
Ahora, coronado de blanco y ya exhausto de la vida, se sorprende a sí mismo pensando en aquellos días, cuando todo para él eran el rojo de la sangre y el gris de los campos de piedras donde combatía. Repasa con sus dedos la empuñadura de la espada y por un momento desea que los enemigos vuelvan, pero sin más desecha el pensamiento egoísta que la perfi…perf..perfi…”
_ ¡Papá vení, no entiendo esta palabra!
_ ¿Cuál?...ah, ahí dice perfidia… eso es deslealtad, mala fe…
_ Ah si la conozco, pero no la entendía…los puntos están muy juntos.
_ Sí, me dijeron que esta versión en braille tiene algunos errores…cualquier cosa avisame…
_ Sí gracias…
“…pero sin más desecha el pensamiento egoísta que la perfidia de su mente impone a su memoria, y me llama a su lado para relatarme los acontecimientos aciagos de nuestra tierra, que por su deseo relataré a continuación.”
Ilustración:http://jarillero.blogspot.com/

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